Muchos creen que los galanes de la televisión disfrutan una vida perfecta gracias a su atractivo. Sin embargo, para el actor Björn Andrésen, su belleza se convirtió en una condena. En 1970, el director italiano Luchino Visconti viajó por Europa en busca del rostro ideal para representar la perfección en su película Muerte en Venecia, basada en la obra de Thomas Mann. Durante su recorrido encontró a Björn, un adolescente sueco de 15 años originario de Estocolmo, que de la noche a la mañana se volvió una estrella internacional.

El éxito temprano lo llevó a un camino lleno de sombras. La fama repentina, sumada a una infancia dolorosa —su padre lo abandonó y su madre se quitó la vida cuando él tenía apenas 10 años—, afectó profundamente su estabilidad. Criado por sus abuelos, el “joven más bello del mundo” cayó en depresión y adicciones. Con el paso del tiempo, perdió el brillo que lo había distinguido; en sus últimos años se le veía muy delgado, con barba descuidada y una mirada triste.
Él mismo relató su historia en el documental El chico más bello del mundo, estrenado en 2021. Trágicamente, su hija confirmó a medios suecos que Björn Andrésen falleció a los 70 años. Algunos rumores señalan que directores adultos abusaron de él durante su juventud, aunque esa versión no ha sido comprobada.
