
Abelina López Rodríguez, presidenta municipal de Acapulco, volvió a encontrarse en el ojo público tras aparecer con un collar valuado en aproximadamente 227 mil pesos, que ella aseguró fue un regalo del pueblo. Durante un evento público, la alcaldesa del partido Morena fue cuestionada por llevar la costosa joya de la marca Van Cleef& Arpels, pieza que circuló con el modelo “Vintage Alhambra” en redes sociales y que algunos medios estiman en más de 200 mil pesos. Ante esos señalamientos, López Rodríguez defendió su postura: “¿Yo qué culpa tengo de que haya un pueblo que me ame y que me regale cosas? Me lo regalaron… yo agradezco su amor y cariño del pueblo”.
El momento ha encendido críticas por dos razones principales: primero, porque el municipio de Acapulco enfrenta retos presupuestales y una devastación por el paso del huracán Otis, lo que hace que el uso de una joya de lujo por parte de un funcionario público intensifique la percepción de desconexión con la ciudadanía. Segundo, porque la legislación mexicana prohíbe a los servidores públicos solicitar o recibir obsequios de alto valor que puedan comprometer su imparcialidad o ejercer influencia.
Por añadidura, la alcaldesa enfrenta investigaciones relacionadas con una denuncia de la Auditoría Superior del Estado de Guerrero (ASE) por presunto manejo irregular de 898 millones de pesos de recursos públicos destinados a la reconstrucción post-Otis. En resumen, aunque López Rodríguez insiste en que la joya es un símbolo de afecto ciudadano, el episodio pone en evidencia la tensión entre la imagen pública, los principios de austeridad y rendición de cuentas, y el deber de los servidores públicos de mantener una conducta conforme al interés colectivo.
