
Una familia rusa‑bielorrusa detonó una ola de rechazo internacional luego de que un video mostrara a su bebé de un año recibiendo lo que parecía un tatuaje con la inscripción “Mellstroy.Game”, en participación de un concurso del streamer Andrey Burym, alias Mellstroy, cuyo premio ascendía a unos 60 000 dólares por el video más “impactante”. La madre del menor, en un clip compartido, declaró que participaban porque llevaban “tres años alquilando casa y no podemos pagar una vivienda propia… estamos hasta las orejas de deudas”.
La pareja sostuvo que el acto era una “sorpresa” para Mellstroy, aunque luego alegaron que en realidad no se utilizó máquina ni aguja solo tinta de gel como simulación. El streamer no se había pronunciado al inicio, pero después del alud de críticas declaró que “los videos con niños no serán tomados en cuenta en el concurso” y calificó el hecho como “moralmente incorrecto”.
Por su parte, la Liga de Internet Seguro de Rusia anunció que presentará acciones legales ante lo que considera una forma clara de maltrato infantil. Aunque algunas versiones sostienen que el tatuaje no fue real, el solo hecho de que la familia lo planificara muestra un fenómeno preocupante: la explotación de menores para contenido viral. “La línea se ha cruzado. La grabación de un bebé llorando por un acto extremo que busca popularidad en redes es abuso”, sostuvo la portavoz Irina Volk del Ministerio de Asuntos Internos de Rusia.
