
En el Veracruz que no pasa nada, la violencia vuelve a hablar más fuerte que la justicia. Lázaro Francisco Luría, exalcalde del municipio de Chinameca durante el periodo 2012–2013, fue hallado decapitado entre sembradíos de maíz, tres días después de haber sido secuestrado en la zona sur del estado.El hallazgo ocurrió la mañana del miércoles en el tramo carretero Oteapan–Zaragoza, donde campesinos reportaron la presencia de un cuerpo abandonado entre las milpas. Policías municipales confirmaron que se trataba de un hombre de más de 60 años, vestido con pantalón de mezclilla, playera blanca y huaraches, que presentaba huellas evidentes de tortura.
Horas más tarde, la Fiscalía General del Estado confirmó su identidad; era el exalcalde de Chinameca. Según versiones de familiares, Luría había sido secuestrado el fin de semana anterior. Los captores exigieron un rescate por su liberación, el cual, presuntamente fue pagado. Sin embargo, nunca lo devolvieron con vida. El cuerpo fue trasladado al Servicio Médico Forense (Semefo) y entregado la tarde del miércoles a su esposa e hijos, quienes ahora lo velan en su domicilio.
Mientras tanto, las autoridades estatales se limitan a “investigar el caso”, sin ofrecer una versión clara ni avances. En un estado donde los secuestros se pagan con sangre y los responsables rara vez aparecen, el silencio oficial vuelve a ser la constante. En el Veracruz que no pasa nada, un exalcalde más cae en el olvido, entre sembradíos, impunidad y resignación.
